miércoles, 11 de julio de 2018

HABLEMOS TAMBIEN DEL ABORTO



El aborto es un tema que, por estos tiempos, cruza la sociedad argentina. Y se trata de una materia que no da para tomarla a la ligera.
Porque lo primero que uno ve cuando mira es – o parece, según dicen los entendidos – que a poco de juntarse el óvulo con el espermatozoide se produce el milagro.  No dicho milagro en sentido religioso sino como el prodigio, el misterio insondable que significa la aparición de una vida.
Claro. La primera reacción es pensar en cómo a alguien se le puede siquiera ocurrir segar ese existir incipiente. Existir indefenso, a medio camino entre el misterio de aparecer y el enigma de ser. Y claro que también se alzan las voces en defensa del indefenso.
Esto es lo que veo. Y escucho que hay gentes a favor de despenalizar el aborto y gentes que piensan todo lo contrario. Y no me gusta nada el ruido que oigo. Voces sesgadas, exaltadas, intolerantes, vocingleras, ofensivas. Ruido, mucho ruido, de uno y otro lado. Como si el aborto no fuera una tragedia personal para el que lo transita sino un partido de futbol.
De un lado los radicales y radicalas  del pañuelo verde, usándolo para ir más allá del tema en cuestión y hacer valer sus pareceres ideológicos y regustos personales.
Las mujeres miembros de este colectivo consideran que pueden abortar a su antojo porque se manifiestan dueñas de su cuerpo. Como aquél que le prendió fuego a la casa porque le pertenecía, con el abuelo adentro y todo. Y como si no tuvieran ninguna responsabilidad por ciertos actos o errores. Total, los paga otro.
Y dejando interrogantes no despejados porque son muy poco hablados. Por ejemplo, si el que aportó el espermatozoide no tiene algo que opinar al respecto. Al mismo que le reclamarían su aporte para alimentos si el por llegar llegara a nacer.
Y de este lado del mostrador el fervor de los que se oponen. Que básicamente tiene su cuña en los creeres religiosos. Y está muy bien. Cada uno tiene el derecho de creer en lo que le apetezca. Pero no tienen derecho a descalificar a los que ven las cosas de otro color. Ni a escamotear la realidad. Porque la realidad es que muchas mujeres han muerto, mueren y seguirán muriendo merced a los abortos clandestinos.
Los “barras brava” de esta tribuna son los personeros religiosos, quienes piden, recomiendan, amenazan y extorsionan desde los púlpitos. Pareciera que más que bogar por las  víctimas inocentes, bogan por mantener retazos de un poder que se les escurre entre los dedos. Ya irremediablemente.
Cuando se han opuesto, estentórea y sistemáticamente, a todo intento de promover la educación sexual. Y al uso de preservativos u otros artilugios como forma práctica de tratar de evitar embarazos no deseados. Y correspondientes abortos.
De lo que se trata acá, para poner el tema en contexto, es de mantener la penalización del aborto u optar por su  despenalización. Pensando y tratando de no hacer ruidos que confundan. Aunque como señala un señor Navarro Viola, para más datos profesor de la Universidad Católica Argentina (UCA), “el aborto está despenalizado de hecho, porque no hay mujeres presas por abortar”.
Y parece que es así, porque los casos que se conocen durante los últimos años se pueden contar con los dedos de una mano, en un universo de cerca de 450.000 abortos clandestinos por año. Número brindado por el ministerio de salud pública. Pero que siempre se debe tomar con cuidado, porque entre las primeras víctimas de la intemperancia se encuentran las estadísticas.
Esto por lo menos indicaría que casi nadie se anima a ponerle música a la letra de la ley. Y que alguien bien podría decir que se trata de una norma penal en desuso, derogada por la costumbre. Aunque a muchos expertos no les cuadre una definición de estas características.
Más parece que esta norma penal para lo único que sirve es para barrer la mugre debajo de la alfombra, olvidándose de ser muy activo en la educación sexual. Y para promover las mafias de médicos y manosantas abortistas que dejan no se cuántas muertes por año.
En definitiva, cabe concluir  que si se deroga la norma penal, las mujeres que deciden abortar seguirán abortando, pero al menos no morirán en el intento. Porque en los países que legalizaron el aborto, también parece que la mortalidad materna bajó drásticamente. Lo cual suena lógico.
Esto es lo que me parece. Por ahora. Porque al haber vidas ajenas involucradas parece un tema lo suficientemente serio para andar pensándolo y no andar repitiendo consignas y pintando paredes. Y poniéndose pañuelos de colores.


domingo, 8 de julio de 2018

HABLEMOS DE FÚTBOL




La participación del seleccionado argentino en los mundiales parece que no fue todo lo buena que se esperaba.
Así lo cuenta una multitud de opinadores seriales, que nos ofrecen sus pareceres en las emisoras de televisión dedicadas al deporte, así como en las demás que ofrecen otros programas.
Con relación a los primeros, cuesta creer que alguien les pague un sueldo o lo que sea por repetir sandeces. Hasta en algunos casos con dificultades para expresarlas.
Y en el segundo grupo se encuentran los mismos indocumentados que ha poco dictaminaban sobre el aborto y más tarde sobre la cotización del dólar, actividades que dejaron para abocarse a la experiencia futbolera con parecido desenfado.
También, claro, pudimos asistir a las vergüenzas que dejaron los argentinos a su paso por Rusia. Y al acertijo lingüístico de jugadores, técnicos y dirigentes argentinos para explicar lo que, para ellos, ha sido una verdadera tragedia.
Mire usted. Un simple juego de pelota.
Pero lo que otros pudimos apreciar ha sido el fenomenal fracaso cultural que ha representado este evento.
Basta para ello escuchar las declaraciones del entrenador del equipo del Uruguay y de dos de sus jugadores.
Nos faltó lo que le falta a cualquier equipo cuando pierde: superar al rival. Francia fue superior, nos ganó bien y hay que felicitarlo.
El fútbol es el único deporte colectivo en el que el débil le puede ganar al más fuerte y por eso tenemos que valorar lo que han hecho estos muchachos y debemos entender que aquí se viene a participar con alegría.”
Alegría y satisfacción que también expresaron – y hablando de corrido – dos jugadores de su equipo.
Así que este es el partido que perdimos. Porque el fracaso deportivo – si se puede calificar de tal -  siempre da revancha.
A diferencia del fracaso cultural. Que no da revancha.
Da pena.


sábado, 12 de mayo de 2018

EL PAíS DE LOS SABIOS


Los recientes y parece que todavía vigentes cimbronazos financieros,  le han dado tema a una multiplicidad de programas de televisión. Acostumbrados los argentinos a vivir en la coyuntura, sin pasado reconocible ni futuro previsible, este episodio resultó magnífico para que un conjunto de opinadores seriales muestren sus creeres sobre las causas y consecuencias  de episodio tan preocupante.
Y nadie quiere quedarse al margen de tan estupenda oportunidad de sobresalir.  Aunque carezcan de las incumbencias necesarias para, no ya opinar sobre el particular, sino para entender de que va la cosa.
Porque la jauría está integrada no solo por periodistas en serio, los casi ningunos, sino por todo aquel que logra tener un cacho de pantalla. Ya sea locutores, entusiastas animadores y animadoras , los siempre presentes expertos, llámense politólogos, cronistas policiales, peritos en todas las ciencias o en lo que sea, encuestadores  que pareciera que viven en la calle preguntando,  los que quieren sobresalir, destacarse como el más vivo sin saber que están  haciendo del más tonto,  conductores de programas múltiples, la mayoría cronistas de futbol reciclados. En fin, toda la fauna que  abate la televisión local, tan bien calificada por Gerard Depardieu como pornográfica. Para el que se queda corto en entenderlo, por mala, no textualmente por mostrar gentes amontonadas en poses voluptuosas.
Hace horas nomás, todos estos muchachos y muchachas  estaban dictando cátedra sobre el aborto. Tema que han abandonado de urgencia para caerle a este.
Y todos han llegado a la conclusión que los miembros del gabinete del presidente Macri no tienen la preparación necesaria para acometer la tarea encomendada. Que además les falta “cintura” política para la faena.
Claro que alguna razón tendrán. Porque el presidente del Banco Central apenas es una rata de las bibliotecas de  Universidad Nacional de La Plata donde se recibió, de la biblioteca del MIT, donde se doctoró  y de la de  Harvard, donde enseñó.
Y el ministro de Hacienda, solo fatigó las bibliotecas de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de California. Y de la  Universidad Torcuato Di Tella para hacer su doctorado.
Así que alguna razón habrá que darle al que se destacó como el relator de la campaña de Boca Juniors por radio Mitre.
O a quien tiene como antecedente haber sido reportero del programa  Indiscreciones.
O a los que comenzaron sus largas trayectorias en el periodismo deportivo, como reporteros y comentaristas de  partidos de futbol.
O a la comenzó su rutilante carrera mostrando el culo.
En fin, a todos los recibidos en la universidad de la calle, que nos ofrecen esa sabiduría tan argentina.
Pero no hay que alarmarse. Muy pronto todo el pelotón cambiará de tema y abordará el campeonato mundial de pelota pronto a comenzar en Rusia.
Y de resultar ganador el equipo argentino, las pantallas se inundarán de alegrías y de reconocimientos. Que nos permitirá comprender finalmente lo magnífico de este país, casi el mejor del mundo, que no puede llegar a su cenit por culpa de Estados Unidos y  el FMI. Y  de Domingo Cavallo naturalmente.
Y los ganadores de tan magno evento serán convocados a las pantallas de televisión para explicar, con su verba intermitente, si está bien o mal abortar y porque sube el dólar.
Claro que si la fortuna no los acompaña y resultan eliminados, las consideraciones serán otras.
Nuestros expertos en todo le caerán a los referis, a los jugadores, al director técnico. Y sobre todo a Messi, que será calificado de pecho frío.
Y finalmente al principal responsable, al presidente Macri, cuya falta de cintura política y su pobre personalidad le impidió influir en el nombramiento de un director técnico como la gente, que llevara a nuestra selección por senderos más venturosos.
Bueno, al fin y al cabo, no es más que un ingeniero.

PARECE QUE LOS JUECES ARGENTINOS NO ESTAN SOLOS.


Legítima defensa y otros fascismos
Arturo Perez-Reverte  

Diario El País España


Escribo esto un poquito condicionado, porque casi nunca tuve suerte con la justicia y los jueces en España. Mi experiencia es poco satisfactoria. En los años 80, tras un reportaje sobre la ultraderecha, un juez que tocaba esa música me quiso empapelar por mencionarlo, aunque luego, tras apelaciones y recursos, todo quedó en nada. Peor suerte tuve cuando un individuo pretendió sacarme 80.000 mortadelos acusándome de plagio, y tras ganarle tres juicios se dio la casualidad de que el último cayera en manos de una compañera de profesorado en la misma universidad, puerta con puerta, del abogado de mi parte contraria (naturalmente, nada tuvo que ver eso con la sentencia; lo cuento sólo como simpático y superfluo detalle costumbrista). Hasta el episodio más reciente tiene su puntito de recochineo judicial: un miserable que me cubrió de calumnias fue absuelto porque, aunque se reconocen en la sentencia las mentiras y las calumnias, según el texto yo soy personaje conocido pero el calumniador no lo es; y eso le da perfecto derecho a inventar y publicar un currículum chungo con absoluta impunidad. Lo punible, claro, habría sido lo contrario. Que yo me ciscara en su puta madre. Ahí sí me habrían sacudido bien, sus señorías.
Con el ánimo templado por tan deliciosos antecedentes, y otros que omito por no aburrir –una vez gané un juicio en Canarias, pero tardé meses en creérmelo–, leo la sentencia sobre el anciano de 83 años al que un jurado popular se ha pasado por la piedra por matar a uno de los dos ladrones que asaltaron su casa. Por suerte para el matador, me digo, no era personaje conocido; porque en tal caso tal vez le habría caído una temporada más larga y ejemplarizante. Pero tuvo suerte. Como se trataba sólo de un abuelo que no escribe novelas ni firma artículos ni sale en la tele, que dos facinerosos se le metieran en casa y le dieran una buena estiba a él y a su anciana esposa, y que él agarrara una pistola y –a sus 83 años, insisto– le pegara un tiro a uno de ellos, y luego le pegara otro tiro más, le ha costado sólo dos años y medio por rápido de gatillo. El abuelo «podía haber utilizado otras alternativas igual de efectivas», dice la sentencia; como, por ejemplo, «la mera exhibición del arma o efectuar un nuevo disparo al suelo en espera de disuadir al asaltante». Así que, bueno. Eso. Treinta meses de talego de los que sí se cumplen. Si no lo indultan antes, saldrá con 86 tacos de almanaque y podrá, reintegrado al fin a la sociedad contra la que obró, rehacer su vida.


martes, 10 de abril de 2018


Tocinos del cielo y persianitas de manzana
Otra novela de intrigas y realidades de Alejandro Marin

El ex comisario Francisco “Quito” Verdudo decide volver a investigar la inexplicable desaparición de un matrimonio,  mutis que no pudo desentrañar cuando ejercía su función y se encontró con el misterio.
Para ello solicita la colaboración de su compinche, el economista, cocinero y diletante Jordi Gonorria, quien lo ayuda en la acometida.
Y ambos vuelven a recorrer el sendero de la intriga, buscando trazas tal vez pasadas por alto en su oportunidad.
La historia se desarrolla en la entraña del barrio de Almagro, distrito poblado por la paradigmática clase media – media. En su transcurso tendremos una visión satírica y pintoresca sobre los gustos, los hábitos, el estilo de vida y los secretos de la pequeña burguesía de la ciudad de Buenos Aires.
Relato del que no están ausentes el irresistible erotismo, la buena mesa, las notas sobre economía y los siempre desagradables malos ratos. Y también los buenos, claro. Como en la vida.
Vení y pasala bien.

sábado, 7 de abril de 2018

La cara en el espejo



James Nielsen
Revista Noricias
6/04/2018



Año tras año, los izquierdistas, kirchneristas y otros paladines del bien en su lucha eterna contra el mal festejan con orgullo desafiante el aniversario del golpe de Estado de 1976. Parecen entender que en cierto modo fue obra suya. No les molesta saber que, de haber logrado los militares remodelar el país como se habían propuesto, ellos también hubieran sacralizado el 24 de marzo. Tampoco les impresiona el que lo lógico sería que los comprometidos con los valores democráticos y el respeto por los derechos humanos celebraran con el fervor correspondiente el 10 de diciembre por tratarse de una fecha patria mucho más importante porque en aquel día de 1983 se restauró el orden constitucional, mientras que pasarían por alto una efeméride que en su opinión sólo merecería la aprobación de un puñado de derechistas nostálgicos.
Si bien son cada vez más los que piensan así, hasta ahora no les ha sido dado hacer retroceder a los resueltos a mantener el 24 de marzo como el día clave de la historia moderna del país. Para estos personajes, todo cuanto ha ocurrido desde entonces está relacionado con el golpe militar y sus secuelas. Como las tragedias de Sófocles o Shakespeare que han conservado toda su vigencia, los actores pueden cambiar pero los roles, y la trama, siguen siendo los mismos.
Lo último que quieren es que la Argentina deje atrás los años setenta o, lo que a su entender sería peor todavía, que se hiciera un análisis serio de las razones por las que tantas personas, incluyendo a muchos políticos moderados, creían que el golpismo era un fenómeno natural. Tampoco les parece extraño que en la Europa de la década de los ochenta del siglo pasado virtualmente nadie supusiera que la política debería continuar girando en torno a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, una catástrofe que fue mil veces mayor que nuestra “guerra sucia”, mientras que aquí, a más de cuarenta años del golpe aún abunden quienes se niegan a reconocer que en el mundo mucho ha cambiado a partir de aquella jornada deprimente y que acaso valdría la pena no perder más tiempo fantaseando acerca de lo que pudo haber sido.
No será fácil convencer a “militantes” que se proclaman dueños absolutos de la Memoria, Verdad y Justicia, así con mayúsculas, que en su caso se trata de conceptos resbaladizos manipulados por demagogos. Tanto los protagonistas ya ancianos de los conflictos que ensangrentaron a la Argentina de hace dos generaciones como los más jóvenes que han hecho suyas las obsesiones de sus mayores, han procurado –con bastante éxito, hay que decirlo– , reemplazar la memoria auténtica de aquellos tiempos por otra ideologizada, personalizada, en la que les tocaba a los montoneros y erpistas desempeñar un papel heroico en defensa de la democracia.
Por el mismo motivo, prefieren ficciones, con tal que les sean convenientes, a la verdad comprobable, de ahí la sacralización del número talismánico “30.000”; como fundamentalistas religiosos, estallan de furia toda vez que alguien se anima a señalar que fue elegido por motivos propagandísticos, o sea, publicitarios, y se oponen a todo intento de averiguar cuántos desaparecidos hubo en base a la evidencia disponible.
Lo mismo puede decirse del empleo de la palabra “genocidio”, como si todos los asesinados por los militares pertenecieran a una etnia determinada que el régimen quería eliminar. Fue una matanza horrenda, de acuerdo, pero el genocidio es un crimen de dimensiones apenas concebibles en estas latitudes. El holocausto perpetrado por los nazis y el asesinato de entre 500.000 y un millón de tutsis en Ruanda fueron genocidios; lo hecho por la dictadura castrense no fue comparable con tales atrocidades colectivas en que participaron muchísimos civiles.
En cuanto a la Justicia, la actitud de la mayoría de los militantes que llenaron la Plaza de Mayo se asemeja a la reivindicada por su general favorito, Juan Domingo Perón, “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”. Lo que piden es venganza. Con la complicidad de buena parte de una clase política intimidada, se las han arreglado para asegurar que cualquier militar acusado de violación de los derechos humanos se pudra hasta morir en una cárcel sin disfrutar de ningún beneficio previsto por la ley, mientras que terroristas culpables de crímenes parecidos se vean tratados como próceres democráticos. En principio, los “luchadores por los derechos humanos” deberían ser los primeros en exigir que sean tratados conforme a las normas que ellos mismos reivindican, pero pocos, muy pocos, están dispuestos a arriesgarse así.
La postura adoptada por los izquierdistas es paradójica; insisten en que delinquir en nombre del Estado es infinitamente peor que hacerlo en el de una agrupación rebelde que pertenece a lo que sería legítimo calificar del sector privado. Huelga decir que la distinción que hacen entre la violencia estatal por un lado y, por el otro, la de quienes la usan para apoderarse del Estado, está hecha a la medida de “compañeros” que hicieron un aporte fundamental al golpe al brindarles a los militares un pretexto para derrocar, con el apoyo tácito de muchos dirigentes políticos y ciudadanos comunes, al gobierno de Isabelita, además de popularizar la maligna idea maoísta de que “el poder nace de la boca del fusil”.
Tanto en la Argentina como en casi todos los demás países, los izquierdistas y los populistas que les son coyunturalmente afines están tratando de apropiarse del pasado por entender que, debidamente movilizado, los ayudará a incidir más en el presente y, desde luego, en el futuro. Para los organizadores de las manifestaciones más recientes, muy poco ha cambiado en los cuarenta y dos años que han transcurrido a partir del golpe. Cuando miran a Mauricio Macri, ven a Jorge Rafael Videla, Nicolás Dujovne será José Alfredo Martínez de Hoz –total, son “derechistas”–, los detenidos por actos de corrupción son presos políticos y Santiago Maldonado sigue siendo un desaparecido a pesar de que toda la evidencia hace pensar que murió ahogado sin la intervención de ningún gendarme.
En las circunstancias imperantes, la voluntad de tanta gente de aferrarse a una mezcla de exageraciones malévolas, interpretaciones arbitrarias y mentiras no puede sino ocasionar preocupación; sociedades enteras –entre ellas la venezolana–, han sido arruinadas por la irracionalidad de minorías fanatizadas que anteponían sus propias ambiciones al bienestar común. El que, a pesar de todo lo sucedido, el kirchnerismo aliado con la izquierda dura que fantasea con dinamitar el orden existente siga representando la alternativa más probable al macrismo, y que iría a cualquier extremo para impedir que el país levante cabeza, es inquietante.
Lo mismo que en el resto del mundo, a los supuestos herederos locales de los rebeldes y revolucionarios de otros tiempos les gusta creerse víctimas de la maldad capitalista, imperialista, racista y, últimamente, sexista del establishment planetario. Entre otras cosas, suponen que la condición así supuesta les ahorra la necesidad de decirnos lo que harían para remediar las injusticias que denuncian si regresaran al poder. Treinta o más años atrás, era posible confiar en que, bien aplicadas, las recetas revolucionarias podrían crear sociedades superiores a las “burguesas”, pero la experiencia nos ha enseñado que se trataba de una ilusión trágica.
En todas partes, las distintas variantes de la izquierda están batiéndose en retirada porque han sido incapaces de elaborar programas de gobierno que no sean meramente negativos. Sin darse cuenta de ello, los progresistas se han vuelto reaccionarios, aunque pocos lo son tanto como en la Argentina; a juicio de muchos, 1976 sigue siendo el año cero y cualquier intento de separarse de él les produce indignación.
En cierto modo, el apego a expectativas frustradas o, como ellos afirman, al “idealismo” juvenil que se atribuyen, de quienes sigan conmemorando el 24 de marzo es comprensible; es cuestión de casi todo su capital político y, en muchos casos, de una fuente de ingresos nada despreciables. Puesto que desde los años setenta los partidarios de la fantasiosa “revolución nacional y popular” no han logrado anotarse éxitos, genuinos o virtuales, no les ha quedado más opción que la de continuar aprovechando lo que consiguieron al ganar, de manera aplastante, la batalla cultural que, con el respaldo de oportunistas como Néstor Kirchner y su esposa, libraron contra quienes los habían derrotado en la lucha armada que habían emprendido.
¿Qué buscaban quienes colmaban la Plaza de Mayo para protestar contra los militares ya muertos que encabezaron el golpe de 1976? Muchos se limitaban a aprovechar una nueva oportunidad para gritar consignas contra Macri. Otros temían perder el poder de veto sobre todo lo vinculado con el golpe de aquel año fatídico por suponer que es un asunto exclusivamente suyo y por lo tanto debería permanecer vedado a quienes no comparten sus preferencias, prejuicios y trayectorias. Así y todo, sin que el gobierno de Cambiemos los haya alentado, algunos investigadores y periodistas están llegando a la conclusión de que al país le convendría que el pasado oficial, por decirlo de algún modo, dejara de ser un espejo distorsionador diseñado no para reflejar la verdad auténtica sino una versión engañosa inventada por una facción política rencorosa.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Y COMO VAMOS, CHE?


Resulta común escuchar a políticos tan profanos como desfachatados,  economistas,  ciudadanos de a pie y sobre todo a bocazas y periodistas, que en general suelen ser los mismos, afirmar que las cosas van fatal, fundamentalmente porque la política gradualista del gobierno no sirve para nada.
Nos cuentan que muchos tienen grandes problemas para campear la situación, que otros no llegan siquiera a fin de mes y que las importaciones están destruyendo la industria local.
Y fundamentalmente que la política gradualista del gobierno es solo un ajuste interminable que lo está pagando el pueblo trabajador.
Y que recomiendan estos comentaristas?
Bueno, los hay quienes con estas críticas buscan un posicionamiento político, cuando no económico. Están los que pecan del llamado vicio ricardiano, por David Ricardo, consistente en aplicar modelos simplificados a realidades complejas. Y están también los que  reconocen que no hay otra alternativa que obrar gradualmente, pero aun así la critican. Porque parece ser lo políticamente correcto. O tienen ganas. O por las dudas.
Incluso escucharlos hace pensar que los miembros del gobierno son ignorantes o tontos de capirote. Cuando no sinvergüenzas que solo quieren enriquecerse.
Por cierto que en el camino el gobierno ha hecho grandes avances. Los más o menos enterados sabemos cuales son. Salimos del default; se ordenó la política monetaria y cambiaria;  se impulsó la independencia del Banco Central  y   se reconstituyeron sus reservas; se acomodaron las tarifas de los servicios públicos,  lo que impulsó la inversión en el sector; se está fomentando el desarrollo del mercado de capitales;  se creó la UVA, para facilitar, aunque sea a los trompicones,  el acceso a la vivienda mediante el resurgimiento del crédito hipotecario; se acordó con las provincias la ley de responsabilidad fiscal que limita el crecimiento del gasto público, induciendo su reducción en relación con el PBI. Está bajando el déficit fiscal elevadísimo que dejó el gobierno anterior, cumpliendo las metas fiscales e incluso sobrecumpliéndolas; se eliminaron regulaciones; se redujeron la discrecionalidad, los tiempos y las trabas para las importaciones y las exportaciones. Se eliminaron y redujeron retenciones a las exportaciones. Se están mejorando la logística y la infraestructura como resultado de reducir los costos de la obra pública, de rehabilitar y ampliar la cantidad de puertos y aeropuertos y de reducir los costos portuarios y de transporte. Se estás construyendo rutas más seguras y autopistas como nunca antes. Después de nueve años de producir estadísticas sin credibilidad, se recuperó el Indec y se inició un proceso de mejora en la calidad de sus productos. Y podría seguir,  pero ya me estoy poniendo aburrido.
Caramba, bastante para dos años de gobierno y, en especial, considerando de dónde veníamos.
Claro que no han podido con la inflación, que bajó pero menos de lo que el gobierno esperaba. Ni han logrado la lluvia de inversiones, aunque crecieron al 11% en 2017  y estimamos que al 15% este año.
Ah, y según las últimas mediciones, bajó la desocupación, la pobreza y la indigencia y no para de aumentar el producto bruto. No a lo bruto, pero a tasas razonables.
Hasta la UCA - Universidad Católica Argentina -  cuyas estimaciones siempre me huelen a canje de intereses,  considera que "la reducción de la pobreza ya es una tendencia".
Todos estos son hechos objetivos.
Claro que lo expertos que cuentan  no se ponen de acuerdo sobre este rumbo.                                                                                Los hay como Juan Carlos de Pablo o Carlos Melconian o José Luis Espert,   quienes objetan esta travesía gradual y se alarman por el aumento de la deuda externa, necesaria para cubrir los baches del camino, es decir el déficit fiscal. Agregando de Pablo, gran conocedor de la historia económica, que nunca estos procesos paulatinos tuvieron éxito.
Y los hay quienes son más positivos como Mario Blejer, quien considera que el endeudamiento es bajo y constituye una forma legítima de financiamiento y pondera la política de disminuir la importancia de la tasa de cambio en la competitividad de la Argentina.
O Miguel Angel Broda, siempre severo, quien piensa que estamos mejor  y probablemente hayamos empezado un intento de disminuir el déficit. Y que lo que estamos viendo es para aplaudir aunque esté insatisfecho con los tiempos.
En fin. Como siempre, gustos para todos.
Yo que pienso?
Que es un camino difícil, porque el gradualismo deja insatisfecho a todo el mundo. Siempre  lento y calmoso, es una pasión triste. Y que se corre el riesgo que la gente se olvide que fue engañada por añazos de desmanejos,  porque es más fácil engañar a la gente que convencerla de que fue engañada.
Pero como decía Karl Popper, señor de cabeza gorda, una vez que nos damos cuenta de que no podemos traer el cielo a la tierra, sino solo mejorar las cosas un poco, también vemos que solo podemos mejorarlas poco a poco.
Y tampoco me olvido que Adam Smith, parece que padre de la economía moderna,  toleraba subsidios y controles cuando "el suprimirlos podía acarrear en lo inmediato más males que beneficios", y  llamaba a enfrentar la realidad "de una manera flexible". Incluso recomendaba vigilar esas "pequeñas pandillas de economistas dogmáticos intolerantes"
Robert Merton Solow,  un economista que, mientras fue profesor en el MIT, tenía un velero que piloteaba dentro de la bahía que hay en Massachusetts,  les recomendaba a sus colegas que tuvieran uno. Para que se volvieran humildes, porque “por más idóneo que seas, dependes de manera crucial del viento”.