viernes, 15 de diciembre de 2017

IMPREVISIONES PREVISIONALES

Hemos asistido a otro episodio del desvarío “nacional”. Pero no a cualquiera. A uno grave. Porque con prescidencia de lo adecuado o inadecuado de la forma y el fondo del proyecto de ley que se impulsó, el resultado resultó esperpéntico.
Ganó la barahúnda y el tumulto. Encabezada por los punteros políticos que, con el dinero ajeno, manejan bandadas de menesterosos profesionales; bandidos de billetera gorda dedicados a la política; delincuentes comunes apuntados al mismo rubro 
y otros abocados a mantener las canonjías que supieron conseguir y a las que no están dispuestos a renunciar. 
Acompañan hasta las señoras gordas que nunca aportaron su óbolo a las cajas de jubilación. Pero mientras juegan a la canasta y toman el té con scons murmuran contra el gobierno que, “me contó una amiga”, les quiere bajar las jubilaciones. “Yo no los voto más” exclama Ernestina mientras toma delicadamente un scon.
Y el tema da para que opinen hasta los que fueron socios de “ Kirchner, mujer e hijos S.I.I” (sociedad de irresponsabilidad ilimitada)
Como un desvergonzado caminador de la “ancha avenida del medio”, que siendo jefe de gabinete nunca se fijo que por las orillas los ministros que debía coordinar se estaban llevando los adoquines.
U otro de pelo revuelto, renunciante embajador y aspirante oficialista, que tampoco lo advertía mientras fue ministro de economía e incendió el país.
Como siempre, para entender de que se trata tema tan enriscado hay que recurrir a los expertos. O sea a los taxistas, a los peluqueros, a los periodistas, a los panelistas abonados a los programas de televisión, a las celebrities (más por las partes deliciosas que muestran que por las ideas que les falta), a los frailes y a los aficionados a facebook y chismes semejantes.
Todos van a coincidir en que hay que cambiar. Eso si. Que cambie mi vecino, porque yo no voy a renunciar a mi tenderete.
Y que se cague la nena, como dice un reo amigo.
En fin, yo no opino porque no soy lo suficientemente joven para saberlo todo.

lunes, 30 de octubre de 2017

VOLVER AL EQUILIBRIO “DEBIDO”

Para cualquier ciudadano decente, resulta gratificante que los diputados hayan eyectado a Julio De Vido de la protección que le brindaba su condición de legislador. Y ese  mismo ciudadano decente se complace al conocer que la justicia ordenó su detención.
Por cierto que  la prudencia recomienda lo que el conocimiento exige: esperar la sentencia judicial, que determinará la responsabilidad del susodicho en los desmanes y fechorías en las que parece haber participado.
Pero sería hipócrita no reconocer el convencimiento que uno tiene. Que esta banda de delincuentes  asoló  el país durante más de diez años. Que se robaron todo lo que tenían a mano. Y lo que no se robaron lo rompieron, según el colorido decir de Jorge Asís.
Pero esta campaña desatada por la prensa y por los “eyaculadores prematuros” ( Kovadloff dixit) para exponer las miserias del acusado y degradarlo públicamente no se inscribe en lo que la prudencia recomienda y el conocimiento exige. Es una campaña que va más allá de la legalidad.
Porque como nos recuerda Savater, humillar a alguien es someterle a la arbitrariedad, no al cumplimiento de la ley. Y desde luego se humilla al resto de los ciudadanos que cumplen las leyes para asegurar sus libertades.


sábado, 28 de octubre de 2017

LA INESPERADA REBELION DE LOS ARGENTINOS

LA NACION

DOMINGO 08 DE OCTUBRE DE 2017


El cambio es la única cosa inmutable de esta vida, pensaba Schopenhauer. Parece una boutade o el principio de un retruécano, pero expresa la gran verdad que sacude al planeta: hasta no hace mucho la política imitaba a la geografía; las culturas y las relaciones de los países del Norte y del Sur parecían tan estáticas como una cordillera, un valle o una llanura. Hoy las placas tectónicas se mueven, las rocas eternas se derrumban y el paisaje muta de manera sorprendente: Estados Unidos encarna el proteccionismo; Rusia, el nacionalismo imperial, y el Partido Comunista Chino, la globalización capitalista.
La Unión Europea es acechada por neopopulismos burdos y secesionismos inquietantes, y la Argentina marcha a contramano de casi todos ellos, tratando de construir precisamente aquello que muchos "vanguardistas" de España, Francia y Alemania consideran que ha entrado en crisis y debe ser descartado. El rocambolesco escenario sirve para que los kirchneristas castiguen ese rumbo y para que Alain Rouquié, pensador francés que se enamoró imprudentemente de su objeto de estudio, se pregunte si no será "la hora de los peronismos" para algunos países europeos. Vale la pena analizar un poco algunas de estas espinas y zonceras.
El marxismo-leninismo y sus subproductos regionales fueron el dispositivo político que durante décadas recogió la indignación, el inconformismo social y la oposición al "sistema", entendido éste como una democracia institucionalista en busca de un Estado de bienestar que la izquierda creyó siempre imposible o en todo caso decadente. No se trataba de una revolución delirante, sino de un proyecto muy serio: la Unión Soviética era una superpotencia y dominaba medio mundo; las otras formas del socialismo real, aunque a veces antagónicas, operaban de algún modo bajo esa sombra gigante y verosímil. La conquista de la prosperidad por parte de los europeos y sus imitadores y la implosión del proyecto soviético con la consecuente caída del Muro de Berlín pulverizaron esa bipolaridad y abrieron las puertas al trasnochado concepto del "fin de la historia". La historia nunca se acaba, y la pulsión antisistema, refundido el aparato que le daba cauce, buscó una nueva alternativa. El neopopulismo, revival de experiencias anacrónicas y peligrosas, hijo dilecto de la tara anticosmopolita y pariente atolondrado del fascismo, ocupó entonces ese lugar vacante aprovechando los inesperados estragos que la globalización total les iba provocando progresiva y paradójicamente a los países poderosos. Ernesto Laclau, gurú de Cristina Kirchner pero también sumo pontífice de las nuevas fuerzas populistas europeas, mamó su teoría de la larga peripecia peronista; provenía de la izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos. Ninguno de los dos le hizo mucho caso a Albert Camus: "Amo demasiado a mi país como para ser nacionalista". Ni a Cela o a Pío Baroja: "El nacionalismo se cura viajando".
El neopopulismo, con los manuales de Laclau, fabrica divisionismos binarios, ataca en el Viejo Continente el republicanismo desde adentro, propugna en secreto al partido único (representación del pueblo y la patria), insinúa la necesidad de implantar una democracia hegemónica a la manera de Perón y denuncia a las "castas" (la dirigencia) y a sus amos corporativos, antes denominados la sinarquía internacional. Y por increíble que parezca, con tan pobre formulario y tan gastados clichés, logra encarnar "la rebelión".
La Argentina fue, como contrapartida, la cuna de aquel mismo movimiento que es visto hoy como el padre intelectual y fáctico de toda esta operación ideológica. Y que desde 1943 colonizó la lengua política, se apropió del Estado, cooptó a los sindicatos y a muchos otros sectores económicos, gobernó a derecha y a izquierda más que nadie y torció a su gusto el sentido común. Aquí el partido antisistema triunfó y se convirtió en el mismísimo sistema. La corporación peronista creó principados y barones, y volvió millonarios a muchos de sus jerarcas; se transformó así en el statu quo, y los resultados concretos, número a número, de su performancecompleta no dejan espacio para la duda: fabricó con profusión una decadencia pronunciada y una alta pobreza estructural. La novedad de las dos últimas elecciones radica tal vez en que un segmento importante de la sociedad parece levantarse hoy contra ese hegemonismo en el que nos habíamos acostumbrado a vivir, indignada por su secuela de corrupción e insatisfecha con su progreso. También se trata de "una rebelión", pero en sentido contrario a la europea: aquí hay, a su vez, "castas" que deben ser denunciadas y un cambio de régimen que debe ser consumado, pero los rebeldes disruptivos acusan a las oligarquías peronistas del poder permanente y reclaman ahora la instauración no ya de una "anomalía" (como se jacta Ricardo Forster) sino de un "país normal", el modelo clásico que llevó bonanza a las repúblicas más evolucionadas. En esta historia de dos orillas, conformismo y rebeldía son, según pueden apreciarse, realidades espejadas, es decir: equivalencias exactas, pero invertidas.
En estos términos deberían leerse algunas convulsiones que experimenta el mundo y, mientras tanto, el lento desmoronamiento en la Argentina de una urdimbre que parecía inmortal, formada por la divinización caudillista, el estatismo bobo y parasitario, las mafias enquistadas y una impotencia adolescente para jugar el juego de los adultos. La connivencia del peronismo bonaerense con el hampa policial y el negocio narco, y también con las diversas bandas que se refugian en el gremialismo, la Justicia, el fútbol, los punteros, los contratistas y el funcionariado, se combinó con la desidia gestionaria, la inseguridad, el atraso bananero y la tolerancia a la miseria crónica. Y produjo una verdadera rebelión que se cargó hace dos años a los patrones invictos de la cuadra y encumbró una perestroika impensable de final abierto. La Salada, el "Pata" Medina, y la extensa galería de personajes que protagonizan los escándalos y los juicios orales son ladrillos de ese otro Muro que se derrumba.
Primera lección para los europeos: el populismo se hace fuerte denunciando ampulosamente el latrocinio y las prerrogativas de los liberales, los socialcristianos y los socialdemócratas, pero cuando se consagra y se asienta, elude el control aplastando las instituciones, comete múltiples venalidades embozado en su enorme poder y se crea una batería de privilegios propios, que justifica con relativizaciones más o menos disimuladas de la "moral burguesa"; algo que en su último libro el filósofo Miguel Wiñazki califica como "la posmoralidad, o la indiferencia en torno a la ética".
Segunda lección: todo populismo también involuciona hacia su irresistible radicalización autoritaria. Se encuentra inscripto en su genoma el imperativo "revolucionario" de no reconocer los límites, por considerarlos trampas de la "derecha", y arrasar con todos los que pueda en nombre de la "emancipación nacional" y el "bienestar del pueblo". Su vocación, aunque a veces solapada, implica generar antagonismos sectoriales, malos de película, obras maestras de la posverdad y masa crítica suficiente como para gobernar en un permanente estado de excepción y de censura encubierta. Esta semana y a pesar de su perezosa desmentida, Axel Kicillof repitió el concepto que arde desde hace rato entre los ex estalinistas del peronismo: la información es un bien público y por ello la debería brindar sólo el Estado, porque es el único que puede publicar información objetiva. Cuando tuvieron los medios, lo que hicieron fue ofrendar esa "objetividad" al capricho personal de la presidenta de la Nación.
Cambiemos es el instrumento circunstancial que han elegido los rebeldes para combatir el sistema de estancamiento y sus filosofías despóticas. Macri tiene la fatal responsabilidad de no defraudar expectativas, y de demostrar que la democracia republicana será el verdugo de la desigualdad o no será nada. Porque como decía Roosevelt: "Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia".

miércoles, 11 de octubre de 2017

DE TONTOS Y LOCOS



Muchas veces la historia cambia por brevedades.
Los pocos o muchos  tiempos de construcción, tratando, mal o bien,  de hacer de este mundo una residencia mas acogedora para mas gentes, los echa a perder  un loco o un tonto.
Claro que los locos o los tontos nunca están solos. Los acompañan y los apañan las religiones, los nacionalismos, los resentimientos  y el deseo de muchos de reencontrarse con un papá o de volver al útero de una mamá.
Los locos son desambientados que promueven con empeño estos vendavales. Y los idiotas están en el lugar justo cuando sopla el viento. Todos vendedores de precipicios para suicidas.
Y la historia siempre se repite. Será en círculos concéntricos como decía Benedetto Croce. Pero se repite.
Hoy, en Europa, una obra de orfebrería montada sobre toneladas de cadáveres, un tonto – mírenle bien la cara – acompañado por nacionalistas y cabrones, quiere hacer estallar España. Sin ver que siempre hay polvorines que no se ven, pero invariablemente  están listos para explotar  a medida que corra el fuego por la mecha que conforman los locos y los tontos.
Y otro tonto y otro loco juegan con  su play station a tirar misiles atómicos e insensateces.
Es mi parecer que estos miedos siempre nos acompañarán. Porque siempre habrá religiones, nacionalismos y resentimientos. Y locos e idiotas y gentes que los apañen.
Claro que últimamente parecen haberse amontonado.


viernes, 6 de octubre de 2017

Las mafias nuestras de cada día







LA NACION SÁBADO 30 DE SEPTIEMBRE DE 2017



Estaba ante nuestros ojos, a la luz del día, y la vida seguía como si nada. Él hacía lo suyo y todos callaban. Por indiferencia, por miedo, por complicidad. Las alternativas de la detención de Juan Pablo "el Pata" Medina, un reality que se prolongó durante todo el martes, mostró hasta qué punto el comportamiento mafioso y la impunidad se han convertido aquí en parte del paisaje, en una fatalidad con la que, con mayor o menor grado de resignación, convivimos desde hace décadas. ¿Cuántos Medina hay en el país? ¿Cuántos, como él, han usurpado cargos en forma vitalicia para enriquecerse junto a sus familias y amigos gracias al manejo oscuro de cajas pródigas y de extorsiones, coimas y delitos varios? La pregunta no es ociosa, porque la suma de todos los Medina y de todas las agachadas ha consolidado el sistema que convirtió a la Argentina en un país inviable.
La bravuconada del líder sindical de la Uocra platense ante la inminencia de su arresto parece escrita por un guionista de cuño shakespeariano: "Si quieren a «el Pata» preso, vengan. Les vamos a prender fuego a la provincia". El uso de la tercera persona revela su megalomanía. El hombre no cabe en sí mismo y se mira desde arriba, como si fuera una figura para el bronce. Tal vez lo era en su feudo. En el desafío del "vengan" se reflejan los métodos patoteros y violentos con los que estos personajes se han hecho fuertes. Por último, la amenaza de prender fuego a la provincia pone en claro sus prioridades. Primero él y segundo, también. Todo lo que viene después tributa a su grandeza, incluida la provincia. Habría que informarle que ya la incendió a fuego lento, junto a todos los que, como él, les roban a los trabajadores y los pobres que dicen defender.
Fueron tantos los años de abuso e impunidad que los sindicalistas como Medina se creen intocables. Se saben parte de un sistema aceitado en el que también medran y transan funcionarios, políticos, empresarios y jueces. Son el fruto rancio de un corporativismo fraguado al calor del fascismo europeo, que contó en su momento con la bendición de una Iglesia que, preocupada por su rebaño, miró con buenos ojos los caudillismos paternalistas y la idea de una sociedad organizada. Media década más tarde queda a la vista el orden conseguido. Arriba, una casta oligárquica beneficiada por el control de un sistema corrupto. Abajo, los corderos que con su esfuerzo y sus impuestos hacen el gasto para sostener las quintas, las Hilux, los viajes a Miami y las cuentas en el exterior de los privilegiados. Al margen, excluido, queda el 30% del país al que ese corporativismo nacido a mediados del siglo pasado iba a sacar de la postergación y la pobreza. Lo hizo en parte en sus primeros tiempos, pero entró pronto en una pendiente de degradación hasta llegar a este presente de rasgos patéticos. El caso Medina es sólo un ejemplo.
El sistema se incubó y se consolidó sobre todo a través del peronismo, al que casi le aseguró la hegemonía en el poder, pero hoy lo trasciende. En medio de la actual dispersión del PJ en el llano, su prioridad es sobrevivir. Tal como lo describió Carlos Pagni esta semana, ya son muchos los sindicalistas vitalicios que arriman el bochín a un Macri fortalecido por el resultado de las PASO y una economía que empieza a mostrar signos vitales. Así las cosas, no parece descabellado imaginar a un presidente que enfrenta una disyuntiva crucial: ¿avanza sobre las mafias para sanear el país o aprovecha esos entramados de poder oscuro en su propio beneficio? La respuesta a esa hipotética encrucijada quizá dependa de la forma en que Macri interprete el mandato del voto que lo depositó en el gobierno. A fin de cuentas, es el presidente quien decide a quién representa.
El Gobierno parece haber optado por la primera de las alternativas y, en la medida en que se hace más fuerte, avanza. Hace bien. Porque lo que podría beneficiarlo en el corto plazo lo llevaría a la ruina más pronto que tarde, junto con el país entero. Los datos resultan elocuentes: según un informe del municipio, "el Pata" Medina impidió en los últimos cuatro años la construcción de más de 600 edificios en la ciudad de La Plata, lo que supone resignar más de 31.000 millones de pesos por año y una pérdida de 18.600 puestos de trabajo, y todo porque los empresarios se negaban a darle su tajada. Defender a los trabajadores de sindicalistas así tendría un efecto multiplicador en la economía. Sucedió en la actividad portuaria tras la detención de "el Caballo" Suárez. Bienvenidas las inversiones. Pero no nos engañemos: la verdadera reactivación del país, en todos los órdenes, está en desarticular las mafias enquistadas a lo largo y ancho del territorio.