viernes, 12 de enero de 2018

ABRASADA (con S)


La nueva novela de Alejandro Marín


La aparición de restos humanos incinerados a la vera de una subestación eléctrica, cercana en tiempos y distancia al edificio donde fue hallado el cadáver del fiscal que prometía el peor de los escenarios para la ex presidenta argentina y varios de sus secuaces, desató todo tipo de conjeturas.
Conjeturas fogoneadas por un periodismo supernumerario, ávido de verdades, suposiciones o patrañas. Y por la imaginación de la opinión pública, mayormente saturada de los haceres del gobierno que fue.
A este escenario se enfrentan  Jordi Gonorria, economista de nota y sublime cocinero y su amigo y compinche, el comisario Francisco “Quito” Verdudo.
Para desembrollar este misterio, nuestros amigos deben transitar el lado bronco de una realidad poblada por mafias y por los políticos, mercaderes y banqueros que trincan con ellas.
Apetitosos platos, divertidas historias de cocina, enigmáticos sobresaltos eróticos y sesudos análisis de nuestra economía completan el escenario.
Un escenario ilustrativo y divertido de transitar para el lector aficionado a las martingalas del misterio. Y por qué no, de la realidad.

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viernes, 29 de diciembre de 2017

PARA AQUELLOS QUE NO ESTAN DISPUESTOS A RENUNCIAR AL LIBRO DE PAPEL

Ahora también en papel a pedido en la tienda Kindle de Amazon.
CON LAS COSAS LINDAS QUE PASAN EN LA FAMILIA
Otra novela de intrigas, ficciones y realidades de Alejandro Marin
Jordi Gonorria, economista, cocinero y detective aficionado, y Quito Verdudo, ex comisario,  se topan con otro misterio. Cuando el hijo de un bodeguero es acusado por los homicidios de su esposa y su amante.
Tratando de encontrar claves que exculpen  al acusado, nuestros amigos recorren los libros escritos por la víctima. Uno que recoge historias de connotados personajes de la provincia argentina de Mendoza, vinculados a la elaboración de vinos, de mascaradas y de curiosidades.
Y otro que cuenta las correrías de renombrados promotores y sacadineros vinculados al colosal embeleco del futbol.
La historia también va develando secretos de familia, ocultos a las vergüenzas entre los pliegues de  silencios e hipocresías
Una historia en la que la ficción y la realidad se conjuntan hasta resultar difícil  disociarlas.
En su transcurso, nuestro economista disfruta, no sin algún padecimiento, las osadas idas y venidas eróticas de su pareja, muy alejadas de lo que preconizan las virtuosas buenas costumbres.
Cuentos de cocina y pareceres sobre economía y economistas rematan un relato ameno e ilustrativo.
Disponible  en la Tienda Kindle de Amazon. Digital y libro papel de tapa blanda.


martes, 26 de diciembre de 2017

PAPARRUCHADAS

“¡Argentinos, a las cosas!”.
Quien no conoce esta frase y a su decidor? Por lo menos entre los portadores de un cacho de afición a la lectura. Si se han cansado de repetirla los escribidores seriales  y los gansos con pluma. Al extremo de aburrir.
La completó con su presunción sobre “el  brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas, directamente y sin más”.
Comentario absolutamente machista. Porque por estas épocas, sonaría mejor que las señoras se abran el pecho a las cosas.
Pero saben qué? Yo estoy persuadido (valga el desliz alfonsinista) que nuestro hombre se equivocó de medio a medio.
Con todo respeto de un lector contumaz de su obra.
Porque casualmente una curiosidad argentina es que no se habla de las cosas. En la Argentina se habla de ficciones, cuando no se parlotea sobre pelotudeces. Dicho esto  con perdón de público tan docto que sigue mis pareceres.
Claro que para anotarse con una pelotudez más (y vuelvo a rogar perdones), lo habladores y escribidores seriales hablan de “pos verdad”. Una falsedad no es una falsedad. Es una pos verdad, dicen los filósofos de trapo.
Pero definitivamente no hablan de cosas. Porque casualmente “las cosas” reales están prohibidas de mencionar. Por convenciones y miedos religiosos, psicológicos o sociales. O por no saber que existen. O por no resultar conveniente reconocer su existencia.
Así que quedan las entelequias para entretenerse. Sin olvidar las pelotudeces y pos verdades, claro.
Propias de una sociedad escasa en conocimiento y abundante en desparpajo.
La hipocresía es el deporte nacional. Aunque no se ofrezcan como fariseísmos si no como  atronadoras verdades.
Todo sea por no mirarnos al espejo y reconocernos como una sociedad de otra época, pobre en saber y discernir, poco solidaria, mentirosa, ventajera, desconsiderada con el ajeno y mayormente carente de voluntad de mejorar.
Claro que todo esto lo escondemos detrás de fábulas que inventamos para no reconocernos.
Enmascarándolas, sin hesitar, como valiosos convencimientos irrenunciables. Y por los que estamos dispuestos a llegar a cualquier extremo.
Al punto que muchas veces llegamos a los más extremosos de esos extremos. De esos que significan sacrificar la racionalidad y hasta vidas de personas.
Solo basta recordar los sacrificados  por la quimera de Malvinas. U olvidar los muertos que dejó el desvarío de la guerrilla. O la miríada de miserables que supimos conseguir.
Y en el mientras tanto, cada uno elige el momento que más le gusta y se entretiene con la peor de las nostalgias: añorar lo que nunca, jamás sucedió.  
Y lo trágico es que esas que llamamos convicciones arraigadas, indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.

Esto también lo dijo Ortega.

viernes, 15 de diciembre de 2017

IMPREVISIONES PREVISIONALES

Hemos asistido a otro episodio del desvarío “nacional”. Pero no a cualquiera. A uno grave. Porque con prescidencia de lo adecuado o inadecuado de la forma y el fondo del proyecto de ley que se impulsó, el resultado resultó esperpéntico.
Ganó la barahúnda y el tumulto. Encabezada por los punteros políticos que, con el dinero ajeno, manejan bandadas de menesterosos profesionales; bandidos de billetera gorda dedicados a la política; delincuentes comunes apuntados al mismo rubro 
y otros abocados a mantener las canonjías que supieron conseguir y a las que no están dispuestos a renunciar. 
Acompañan hasta las señoras gordas que nunca aportaron su óbolo a las cajas de jubilación. Pero mientras juegan a la canasta y toman el té con scons murmuran contra el gobierno que, “me contó una amiga”, les quiere bajar las jubilaciones. “Yo no los voto más” exclama Ernestina mientras toma delicadamente un scon.
Y el tema da para que opinen hasta los que fueron socios de “ Kirchner, mujer e hijos S.I.I” (sociedad de irresponsabilidad ilimitada)
Como un desvergonzado caminador de la “ancha avenida del medio”, que siendo jefe de gabinete nunca se fijo que por las orillas los ministros que debía coordinar se estaban llevando los adoquines.
U otro de pelo revuelto, renunciante embajador y aspirante oficialista, que tampoco lo advertía mientras fue ministro de economía e incendió el país.
Como siempre, para entender de que se trata tema tan enriscado hay que recurrir a los expertos. O sea a los taxistas, a los peluqueros, a los periodistas, a los panelistas abonados a los programas de televisión, a las celebrities (más por las partes deliciosas que muestran que por las ideas que les falta), a los frailes y a los aficionados a facebook y chismes semejantes.
Todos van a coincidir en que hay que cambiar. Eso si. Que cambie mi vecino, porque yo no voy a renunciar a mi tenderete.
Y que se cague la nena, como dice un reo amigo.
En fin, yo no opino porque no soy lo suficientemente joven para saberlo todo.

lunes, 30 de octubre de 2017

VOLVER AL EQUILIBRIO “DEBIDO”

Para cualquier ciudadano decente, resulta gratificante que los diputados hayan eyectado a Julio De Vido de la protección que le brindaba su condición de legislador. Y ese  mismo ciudadano decente se complace al conocer que la justicia ordenó su detención.
Por cierto que  la prudencia recomienda lo que el conocimiento exige: esperar la sentencia judicial, que determinará la responsabilidad del susodicho en los desmanes y fechorías en las que parece haber participado.
Pero sería hipócrita no reconocer el convencimiento que uno tiene. Que esta banda de delincuentes  asoló  el país durante más de diez años. Que se robaron todo lo que tenían a mano. Y lo que no se robaron lo rompieron, según el colorido decir de Jorge Asís.
Pero esta campaña desatada por la prensa y por los “eyaculadores prematuros” ( Kovadloff dixit) para exponer las miserias del acusado y degradarlo públicamente no se inscribe en lo que la prudencia recomienda y el conocimiento exige. Es una campaña que va más allá de la legalidad.
Porque como nos recuerda Savater, humillar a alguien es someterle a la arbitrariedad, no al cumplimiento de la ley. Y desde luego se humilla al resto de los ciudadanos que cumplen las leyes para asegurar sus libertades.


sábado, 28 de octubre de 2017

LA INESPERADA REBELION DE LOS ARGENTINOS

LA NACION

DOMINGO 08 DE OCTUBRE DE 2017


El cambio es la única cosa inmutable de esta vida, pensaba Schopenhauer. Parece una boutade o el principio de un retruécano, pero expresa la gran verdad que sacude al planeta: hasta no hace mucho la política imitaba a la geografía; las culturas y las relaciones de los países del Norte y del Sur parecían tan estáticas como una cordillera, un valle o una llanura. Hoy las placas tectónicas se mueven, las rocas eternas se derrumban y el paisaje muta de manera sorprendente: Estados Unidos encarna el proteccionismo; Rusia, el nacionalismo imperial, y el Partido Comunista Chino, la globalización capitalista.
La Unión Europea es acechada por neopopulismos burdos y secesionismos inquietantes, y la Argentina marcha a contramano de casi todos ellos, tratando de construir precisamente aquello que muchos "vanguardistas" de España, Francia y Alemania consideran que ha entrado en crisis y debe ser descartado. El rocambolesco escenario sirve para que los kirchneristas castiguen ese rumbo y para que Alain Rouquié, pensador francés que se enamoró imprudentemente de su objeto de estudio, se pregunte si no será "la hora de los peronismos" para algunos países europeos. Vale la pena analizar un poco algunas de estas espinas y zonceras.
El marxismo-leninismo y sus subproductos regionales fueron el dispositivo político que durante décadas recogió la indignación, el inconformismo social y la oposición al "sistema", entendido éste como una democracia institucionalista en busca de un Estado de bienestar que la izquierda creyó siempre imposible o en todo caso decadente. No se trataba de una revolución delirante, sino de un proyecto muy serio: la Unión Soviética era una superpotencia y dominaba medio mundo; las otras formas del socialismo real, aunque a veces antagónicas, operaban de algún modo bajo esa sombra gigante y verosímil. La conquista de la prosperidad por parte de los europeos y sus imitadores y la implosión del proyecto soviético con la consecuente caída del Muro de Berlín pulverizaron esa bipolaridad y abrieron las puertas al trasnochado concepto del "fin de la historia". La historia nunca se acaba, y la pulsión antisistema, refundido el aparato que le daba cauce, buscó una nueva alternativa. El neopopulismo, revival de experiencias anacrónicas y peligrosas, hijo dilecto de la tara anticosmopolita y pariente atolondrado del fascismo, ocupó entonces ese lugar vacante aprovechando los inesperados estragos que la globalización total les iba provocando progresiva y paradójicamente a los países poderosos. Ernesto Laclau, gurú de Cristina Kirchner pero también sumo pontífice de las nuevas fuerzas populistas europeas, mamó su teoría de la larga peripecia peronista; provenía de la izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos. Ninguno de los dos le hizo mucho caso a Albert Camus: "Amo demasiado a mi país como para ser nacionalista". Ni a Cela o a Pío Baroja: "El nacionalismo se cura viajando".
El neopopulismo, con los manuales de Laclau, fabrica divisionismos binarios, ataca en el Viejo Continente el republicanismo desde adentro, propugna en secreto al partido único (representación del pueblo y la patria), insinúa la necesidad de implantar una democracia hegemónica a la manera de Perón y denuncia a las "castas" (la dirigencia) y a sus amos corporativos, antes denominados la sinarquía internacional. Y por increíble que parezca, con tan pobre formulario y tan gastados clichés, logra encarnar "la rebelión".
La Argentina fue, como contrapartida, la cuna de aquel mismo movimiento que es visto hoy como el padre intelectual y fáctico de toda esta operación ideológica. Y que desde 1943 colonizó la lengua política, se apropió del Estado, cooptó a los sindicatos y a muchos otros sectores económicos, gobernó a derecha y a izquierda más que nadie y torció a su gusto el sentido común. Aquí el partido antisistema triunfó y se convirtió en el mismísimo sistema. La corporación peronista creó principados y barones, y volvió millonarios a muchos de sus jerarcas; se transformó así en el statu quo, y los resultados concretos, número a número, de su performancecompleta no dejan espacio para la duda: fabricó con profusión una decadencia pronunciada y una alta pobreza estructural. La novedad de las dos últimas elecciones radica tal vez en que un segmento importante de la sociedad parece levantarse hoy contra ese hegemonismo en el que nos habíamos acostumbrado a vivir, indignada por su secuela de corrupción e insatisfecha con su progreso. También se trata de "una rebelión", pero en sentido contrario a la europea: aquí hay, a su vez, "castas" que deben ser denunciadas y un cambio de régimen que debe ser consumado, pero los rebeldes disruptivos acusan a las oligarquías peronistas del poder permanente y reclaman ahora la instauración no ya de una "anomalía" (como se jacta Ricardo Forster) sino de un "país normal", el modelo clásico que llevó bonanza a las repúblicas más evolucionadas. En esta historia de dos orillas, conformismo y rebeldía son, según pueden apreciarse, realidades espejadas, es decir: equivalencias exactas, pero invertidas.
En estos términos deberían leerse algunas convulsiones que experimenta el mundo y, mientras tanto, el lento desmoronamiento en la Argentina de una urdimbre que parecía inmortal, formada por la divinización caudillista, el estatismo bobo y parasitario, las mafias enquistadas y una impotencia adolescente para jugar el juego de los adultos. La connivencia del peronismo bonaerense con el hampa policial y el negocio narco, y también con las diversas bandas que se refugian en el gremialismo, la Justicia, el fútbol, los punteros, los contratistas y el funcionariado, se combinó con la desidia gestionaria, la inseguridad, el atraso bananero y la tolerancia a la miseria crónica. Y produjo una verdadera rebelión que se cargó hace dos años a los patrones invictos de la cuadra y encumbró una perestroika impensable de final abierto. La Salada, el "Pata" Medina, y la extensa galería de personajes que protagonizan los escándalos y los juicios orales son ladrillos de ese otro Muro que se derrumba.
Primera lección para los europeos: el populismo se hace fuerte denunciando ampulosamente el latrocinio y las prerrogativas de los liberales, los socialcristianos y los socialdemócratas, pero cuando se consagra y se asienta, elude el control aplastando las instituciones, comete múltiples venalidades embozado en su enorme poder y se crea una batería de privilegios propios, que justifica con relativizaciones más o menos disimuladas de la "moral burguesa"; algo que en su último libro el filósofo Miguel Wiñazki califica como "la posmoralidad, o la indiferencia en torno a la ética".
Segunda lección: todo populismo también involuciona hacia su irresistible radicalización autoritaria. Se encuentra inscripto en su genoma el imperativo "revolucionario" de no reconocer los límites, por considerarlos trampas de la "derecha", y arrasar con todos los que pueda en nombre de la "emancipación nacional" y el "bienestar del pueblo". Su vocación, aunque a veces solapada, implica generar antagonismos sectoriales, malos de película, obras maestras de la posverdad y masa crítica suficiente como para gobernar en un permanente estado de excepción y de censura encubierta. Esta semana y a pesar de su perezosa desmentida, Axel Kicillof repitió el concepto que arde desde hace rato entre los ex estalinistas del peronismo: la información es un bien público y por ello la debería brindar sólo el Estado, porque es el único que puede publicar información objetiva. Cuando tuvieron los medios, lo que hicieron fue ofrendar esa "objetividad" al capricho personal de la presidenta de la Nación.
Cambiemos es el instrumento circunstancial que han elegido los rebeldes para combatir el sistema de estancamiento y sus filosofías despóticas. Macri tiene la fatal responsabilidad de no defraudar expectativas, y de demostrar que la democracia republicana será el verdugo de la desigualdad o no será nada. Porque como decía Roosevelt: "Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia".