miércoles, 21 de junio de 2017

Perros de la Recoleta

arturo perez reverte
Publicado el 18 de junio de 2017 en XL Semanal.

Desde hace casi treinta años, la Recoleta es mi barrio cuando viajo a Buenos Aires. Y cada día, haga lo que haga, camino cinco minutos desde mi hotel hasta el lugar donde, invariablemente, desayuno tres medias lunas con un vaso de leche tibia mientras hojeo los diarios o un libro junto a las sombras gratas de Borges y Bioy Casares. Ese lugar es el café La Biela, en su esquina formidable desde la que, a través de los ventanales, puedo contemplar el espectáculo diario de lo que más me alegra el corazón cuando estoy en esta ciudad: los perros de las casas vecinas a los que sus cuidadores sacan a pasear en grupos, atraillados y pacíficos, y sueltan un rato para que jueguen en el césped que hay ante los grandes magnolios. Esos perros de la Recoleta son perros felices, chuchos bien, que tuvieron la fortuna de caer en casas donde se les cuida e incluso mima, a diferencia de los otros infelices que vagan por los barrios más humildes de la ciudad, o son abandonados en cualquier sitio cuando dejan de ser graciosos cachorros. Al menos éstos que veo pasar ante La Biela están a salvo, dentro de lo que cabe. Y eso alivia un poco mi tristeza cuando pienso en sus camaradas con menos suerte en el mismo Buenos Aires, en España, en tantos lugares del mundo donde la infamia del ser humano desprecia, o maltrata, su lealtad y su nobleza.
En el último viaje, sin embargo, esos ratos felices de la Recoleta se han visto empañados por una pérdida. Si es cierto que sigo desayunando en La Biela, ya no puedo ocupar mi mesa habitual en la Munich, que durante tres décadas fue el lugar al que estuve yendo a comer o cenar, solo o con mis amigos. El restaurante Munich –para los asiduos, la Munich– había nacido en 1930 en forma de lechería, que doce años después se transformó en restaurante de estilo alemán. Lo descubrí en 1982, cuando fui a cubrir la guerra de las Malvinas, y desde entonces casi no hubo día en Buenos Aires que no pasara por allí. Ahora, sin embargo, ya no existe. Lo vendieron sus dueños y, según me cuentan, proyectan construir allí un edificio de doce plantas, clavando un clavo más, uno de muchos, en el ataúd de uno de los barrios más personales y elegantes de la ciudad.
Murió la Munich, como digo. Cerró hace unos meses tras una triste agonía a la que tuve el desconsuelo de asistir. Sus dueños, pendientes de la venta que ya negociaban, la dejaban fenecer como en el tango, y así la vi en mis últimas visitas: sola, fané y descangallada. Durante el último año se había desplomado la calidad de la comida, todo era un enorme descuido, y sólo me ataba al lugar la profesionalidad perfecta de los viejos camareros de chaqueta blanca; que, aunque se les debían varios sueldos, hacían cuanto estaba en sus manos por ser fieles a lo que habían sido. Los clientes de toda la vida, familias en domingo, señores bien vestidos, señoras a las que podía uno llamar señoras sin que le diera la risa floja, seguían acudiendo al restaurante de ambiente tirolés de cabezas de ciervo, manteles blancos y manteca en platitos de aluminio. Pero ya ni el bife era el bife, ni los riñones o criadillas merecían la pena, la omelette de alcauciles estaba para devolverla a la cocina, y las espinacas a la crema brillaban por su ausencia. José Manuel, el viejo, seco y perfecto maître asturiano, jubilado justo cuando empezaba el declive, ya me lo había anunciado: «Vienen otros tiempos, don Arturo. Por suerte yo no voy a estar aquí para verlos». Al despedirnos, me regaló una taza de café con el nombre de la Munich. «A saber dónde acabarán las otras», dijo.
Ahora he vuelto a la ciudad, y al Alvear, y a La Biela, y a caminar unas cuadras hasta la librería Cúspide y las otras –cada vez menos– que aún no desaparecieron del barrio. Y al pasar ante la Munich, cerrada, me he detenido un momento, a recordar. La vieja placa de bronce sigue atornillada junto a la puerta, y por un momento lamenté no tener veinte años menos para venir de noche con un destornillador y jugármela robando esa placa que a nadie importa ya. Lo malo de vivir demasiado, o casi, es que asistes al final de muchas personas y de muchas cosas a las que da pereza sobrevivir. Tu mundo se desvanece y el paisaje se despuebla. Eso es lo que pienso, parado ante la placa que soy demasiado viejo para robar. Miro a mi alrededor, desolado, y entonces tengo la suerte de ver que un grupo de perros atraillados pasa por la vereda, moviendo el rabo. Y me consuelo pensando que al menos, en esta ciudad que tanto amo, todavía hay perros felices, hay libros en las librerías, el Puentecito permanece abierto en Barracas y Gardel sigue cantando en Buenos Aires.

lunes, 12 de junio de 2017

LA TEMPORADA DE LAS LIGEREZAS

LA TEMPORADA DE LAS LIGEREZAS
Nueva novela de intrigas de Alejandro Marin.                                 
En esta oportunidad es el asesinato de un  importante industrial italo-argentino lo que convoca a Jordi Gonorria, economista y casi profesional de la cocina, y al comisario  Quito Verdudo.  
La ficción transcurre en Punta del Este, seguramente el sitio para el ocio con mas carácter internacional de Sudamérica. Se desarrolla en ese ambiente  frívolo que arropa la vulgaridad de su tiempo de verano, enmascarado por la afectación de lo aparente que es  el snobismo y los trazos de refinamiento que le dan cierta distinción al lugar.                                          
No pueden estar ajenos a ello todos los personajes que acostumbran poblar cada temporada.  Incluyendo las “celebrities”, los arribistas y los pillos.  Ni la exhibición de poder y desenfado que permite  la abundancia Atmósfera que invita  a dejarse llevar por  los siempre bienvenidos placeres mundanos, abandonando  remilgos sexuales y maneras mojigatas.
Tampoco nuestros personajes pueden mantenerse ajenos a ese ambiente en el que transcurre la historia, cuyo carácter es definido por la ironía y el erotismo. Una entretenida narración, que también nos lleva a conocer historias de cocina,  enigmas económicos,  y coloridos e inopinados  enredos terrenales de respetadísimos intelectuales.

Disponible Tienda KINDLE de AMAZON

martes, 16 de mayo de 2017

HOMENAJE A LA NOBLEZA

"Si no sos capaz de defender el derecho de tu peor enemigo de la misma forma en que defendés el derecho de tu propio hijo, entonces no hables de derechos humanos; no hables de justicia"

Graciela Fernandez Meijide

viernes, 5 de mayo de 2017

ESPERANDO EL DESTINO



A story that begins in a charity party in the south of Spain; continues through Asunción, capital of Paraguay; ciudad del Este, capital of unlawful activities and finishes in Buenos Aires.
Our now friends, Jordi Gonorria, economist who also plays the role of amateur “chef” and the former police inspector Quito Verdudo, rub shoulders with the human trafficking mafia and with the politicians that rig them.
A tough story, traced by a doomed fate, that even though some passages may amusse us, in others load us with the anguish produced by this modern way of enslaving and abusing of the helpeless. As it is already a custom, they are accompanied by the usual friends and characters arised from the story, the literature and even from the movies. And they end up stumbling with astonishing revelations of  current issues which the media published in front pages not long ago.
In the itinerary, our economist-cook some times enjoys and others bears his emotional and erotic hieroglyphs. And he makes time to offer us delicious dishes, kitchen stories and hot news about economy and economists.

Available (in spanish) AMAZON KINDLE store.


jueves, 20 de abril de 2017

LIBRO PAPEL O LIBRO DIGITAL?

He leído que una amplia encuesta en el mundo de la edición, difundida en la Feria de Fráncfort en el año 2008, aseguraba que para el 2018 el libro digital superaría al libro papel.
Y, efectivamente, daba la impresión que el libro digital se iba a comer a los chicos crudos. Pero eso, hasta ahora al menos, no ha ocurrido. Y las opiniones son encontradas.
The New York Times publicó, no hace mucho, un reportaje  en el que hablaba del "declive" del libro digital, que fue contestado por otra información en la revista Fortune, que decía más o menos lo contrario.
Una discusión de nunca acabar. Sobre la que cada uno tiene su opinión y su buena razón para elegir a uno u a otro.
De todas maneras, el mercado digital está creciendo según los expertos. Por caso   Iría Álvarez, responsable de desarrollo digital y ventas digitales en Penguin Random House, afirma que "está funcionando menos de lo que esperábamos, pero estamos creciendo a un ritmo de doble dígito, principalmente por el mercado latino y de Estados Unidos". Coincidiendo en este punto de vista  con Santos Palazzi, director de Digital en la editorial Planeta, el otro gigante de la edición en español.
En fin. Vaya a creerles. Imposible dar una respuesta confiable y contundente.
Como esta discusión no se puede saldar, por ahora al menos, les propongo a los afectos al libro papel que husmeen en el mundo digital. Con el solo objetivo de conocer un poco a Jordi Gonorria y a Quito Verdudo. Un poco al menos. Para que estas "criaturas del aire", en el decir de Fernando Savater, puedan hacer nuevas amistades.
Para ello escriban “kindle amazon” en el buscador que usen (google, yahoo, etc). Abran la página y en la ventana escriban el nombre de uno de mis libros. Busquen con la lupa de la derecha y cuando se abra hagan clic – o cliqueen, no se como se dice -  en la foto de la tapa. Y en la siguiente secuencia vuelvan a hacer clic en la foto de la tapa.
No van a descubrir al asesino ni aprender  magníficas recetas. Pero podrán conocer de primera mano a mis amigos Gonorria y Verdudo. Y podrán leer bastante del principio de cada narración.
Para aquellos reacios a incursionar en el mundo de la tecnología, es una buena forma de confraternizar con los libros sin papel.
Y de conocer a “mis criaturas del aire”.




REVISTA LITERARIA RESONANCIAS

En la edición 139 de la prestigiosa revista literaria Resonancias                                                              www.resonancias. org
se publica una crítica sobre las novelas que tienen por protagonistas al economista y cocinero Jordi Gonorria y al también economista y destacado ex jefe de delitos complejos de la policía federal, don Quito Verdudo.

Como podrán apreciar, nuestros amigos están “al loro”. Como diría un amigo español.