lunes, 22 de octubre de 2018

DE PAMPITAS Y SARLOS


Vuelta a vuelta aparecen en escena ciertos personajes que uno no sabe porqué tienen tanta trascendencia en los medios de comunicación.
Un caso emblemático es el de la tal Pampita Ardoihian o algo parecido, que resulta casi imposible saber de qué va. Si actúa, canta o que. O lo suyo es solo mostrar el culo.
La chica es relativamente linda. Tampoco un bombón despampanante. Pero el hecho es que todos los días algo leemos sobre ella. Con quien está de novia, con quien se acuesta, si prefiere a un futbolista o a un jugador de bochas y demás etcéteras.
Y otro también notable es el de la señora Sarlo. Por cierto que esta dama si tiene sus incumbencias, habiendo transitado universidades destacadas y recibido galardones importantes.
Claro que los galardones que le han resultado esquivos son los de la prudencia, la modestia y los miramientos hacia los demás. Y presumiendo de su sabiduría infinita, pontifica sobre lo que le echen con gesto de oler caca.
Ahora ha escrito un artículo sobre el fenómeno Bolsonaro, donde comienza explicando la importancia que han tenido en el resultado las iglesias evangélicas, la pentecostal concretamente, y termina con un guiso de dificultosa digestión.
“Se acha” diría un brasilero.
Y que me lleva a una mirada más cuidadosa de un fenómeno que, con sus más y con sus menos, parece estar repicándose. Primero civilizadamente en Europa, más rústicamente en Estados Unidos y parece que en forma ya primitiva en Brasil.
Y resulta prudente comenzar a preguntarse que está pasando antes de plantar conclusiones como acostumbramos. Dándole la razón al gran Bukowski, quien afirmó que las personas inteligentes están llenas de dudas mientras que las presuntuosas (estúpidas en original)
están llenas de confianza.
Porque parecería que algo está pasando,  sin tampoco descartar los acasos, claro. Así que, en defensa propia,  urge encontrar respuestas para que estos soponcios reiterados queden como fenómenos transitorios en el devenir de los tiempos. Y no nos llevan puestos. Y tiren abajo tanto esfuerzo realizado para parecer más civilizados. Para parecer al menos.
Claro que las causas no aparentan uniformes. Porque en Europa, el lugar más cultivado, el que ha librado la batalla más exitosa contra esa enfermedad autoinmune que es el nacionalismo, estos personajes con afición por patear el tablero son seguramente recaídas de la dolencia chauvinista. Tal vez fomentada por el fenómeno inmigratoria que está cambiando el clivaje identitario (que tal?) de la Unión Europea. Y porque finalmente las gentes se aburren de todo. Hasta de lo bueno. Por eso salen de sus casas a hacer desaguisados.
En Estados Unidos el amigo Trump parecería ser el resultado de la lucha entre las costas, sofisticadas y mundanas, y el primitivismo muchas veces cargado de violencias e insatisfacciones de la “América profunda”.
Yo, modestamente,  tengo mi pregunta.
Que se ha hecho de las reconfortantes izquierdas?  
Hablo de izquierdas civilizadas, claro. Donde uno se siente más cómodo. Porque parece que esa mirada humanista que las caracterizaba y esa fuerza moral que las apadrinaba se ha convertido, por lo menos en Argentina, en un accionar sin derrotero y sin destino.
Que son hoy las izquierdas? Hablo siempre de las que tiraron ideas y no tiros.
Aunque siempre fueron poco en la Argentina porque el nacional socialismo peronista le supo robar sus banderas. Con frases del jefe que vale la pena traer al hoy porque harían ruborizar hasta al malo de Bolsonaro.
“ Al amigo todo, al enemigo ni justicia”, "El día que se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan", "Con un fusil o con un cuchillo, a matar al que se  encuentre", "Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores", "Vamos a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ni los hijos de ellos", "Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos". 
Y otras linduras, claro. O sea que ya tuvimos nuestro Bolsonaro (con perdón de Bolsonaro). Y lo siguieron votando. A él y hoy a su cría. Y miren ustedes como estamos.
Así que es todo un tema.
El problema es que las izquierdas ya no son más las que supieron plantar bandera contra los poderosos para romper sus privilegios. Hoy solo rompen lo que encuentran a su paso.
Las izquierdas no son más las que enfrentan a las mafias. Hoy son sus cómplices.
Las izquierdas ya no son abanderadas de la decencia. Son secuaces de las putadas.
Las izquierdas ya no ayudan a los que quieren trabajar. Hoy protegen a los vagos y a los bribones.
Las izquierdas ya no cuestionan  las hipocresías religiosas. Hoy son aliados de los bergoglios.
Las izquierdas ya no nos quieren mostrar una economía solidaria. Hoy solo se oponen a toda medida que apunte a desmontar prebendas.
Las izquierdas ya no quieren ayudar a las gentes acercándola al conocimiento. Hoy son aliados de los gremios que han secuestrado la educación.
Las izquierdas ya no quieren rescatar a las mujeres del cerril tutelaje de las sociedades machistas. Hoy solo usan estas banderas para escandalizar, agredir e insultar.
Las izquierdas ya no quieren defender la ley para que todos estemos arropados por los mismos derechos, sino torcerla para beneficio de políticos amigos y corruptos. Si  hasta otro sociólogo, abonado a las rotundas palabras diarias, manifestó en estos días que la “pura legalidad” puede ser nefasta.
Las izquierdas ya no quieren proteger a todos, Hoy prefiere proteger a los maleantes.
Las izquierdas ya no saben cómo gobernar. Hoy son solo un conjunto de incompetentes que hasta se los llevan puestos los narcotraficantes. Santa Fe por caso. 
La pregunta que me queda es: que falta para que aparezca un Bolsonaro y la gente lo apoye?
Sería bueno que los “comunicadores” les pregunten que les parece a las Pampitas y a las Sarlos y a toda la fauna que suelen promover por televisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario