sábado, 19 de abril de 2014

OTRA MALA NOTICIA

Sorprende escuchar o leer las opiniones de reconocidos analistas de la realidad política. Coinciden mayoritariamente en que la estrategia de Cristina Fernandez para sus últimos meses de gobierno tiene como objetivo conservar una cuota de poder que le permita continuar siendo una referente política   al finalizar su turno. Incluso algunos piensan que se ve como lider de la futura oposición y hasta alguno  especula con su vuelta a la primera magistratura pasado el próximo gobierno.

Y sorprende porque uno supone que su accionar postrero debe tender a escapar de un  agotador tránsito por los juzgados penales para justificar el impúdico crecimiento de su patrimonio personal.  Entre otros ilícitos cometidos en el ejercicio de la función pública.

Si bien no resulta prudente ni serio afirmar que existen los elementos necesarios para justificar una sanción penal, pocas dudas caben que la contundencia de las denuncias existentes  meritúan- fiscales y jueces honorables  de por medio - su procesamiento por enriquecimiento ilícito. O por la figura penal que corresponda, ya sea como responsable directa o cómplice del malandra del marido.

Al no considerar como central este objetivo, los referido opinantes solo pueden estar presuponiendo que el supuesto accionar ilícito de esta mujer va a gozar de la impunidad que le brindarán los futuros gobernantes. Fuera cual fuese el que finalmente acceda al premio mayor.

Y esto si que resulta una mala noticia para una sociedad que debería sentirse  agobiada por la impudicia de su clase política.

Y que ya debería saber que estos escandalosos niveles de corrupción e impunidad no resultan compatibles con una democracia. Y menos con la precariedad del simulacro de democracia en que vivimos. 

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