martes, 7 de febrero de 2017

LA ARGENTINA Y LOS DERECHOS HUMANOS (II)


Todo cambió a fines de los años 60, con la irrupción de la guerrilla y el terrorismo como consecuencia de las escaramuzas periféricas de la guerra fría. Porque definitivamente no se trató de un problema argentino sino de la repercusión local de un fenómeno mundial.
Los militares de la época – regentes vitalicios de la paciencia argentina – respondieron con la fuerza y con la ley.
Los terroristas fueron derrotados, juzgados y los hallados culpables condenados a prisión.
Costó la vida de mucha gente inocente, incluso de honorables miembros del poder judicial, pero se terminó civilizadamente con una situación que alteraba la convivencia civilizada. Pero como consecuencia de la irrupción de la violencia terrorista algo pareció quebrarse en la sociedad argentina. Y digo pareció, para evitar las tan desagradables pedanterías categóricas.
El arrebato inmanente a la condición humana, adquirió en esos tiempos una portentosa virulencia y se transformó en una militante malaventura.
Que se manifestó la noche en que los terroristas que purgaban su condena o estaban siendo juzgados fueron liberados por una pueblada legalizada por el flamante gobierno  del amanuense de Juan Perón y salieron marchando de la cárcel. Marchas intimidatorias que se repitieron días después por las calles de Buenos Aires.
Y explotó el día del retorno del líder popular en una manifestación de violencia extrema y degradante, que enfrentó a los “maravillosos muchachos” – los guerrilleros – con los cuerpos armados de la “columna vertebral” – los sindicatos.
Ambos bandos tratando de cooptar la voluntad del líder. Y hasta se dice de matarlo. Unos para instalar un gobierno dictatorial de corte castrista y los otros para reservarse el poder que les concedió el sistema corporativo.
Los convidados de piedra fueron como siempre los ciudadanos de a pie, que asistieron perplejos y atemorizados a tan extrema manifestación de barbarie.
Y claro que no todo terminó ahí. Porque la violencia guerrillera – mezcla siniestra de moralina católica y mito marxista -  continuó durante el gobierno democrático de Perón con asesinatos, ataques  a cuarteles militares, guerra explícita en el norte del país y violencia generalizada.


Y para colmo el gobierno decidió “hacer tronar el escarmiento” a través de algunos gremios y de organizaciones paraestatales creadas para destruir a los agresores. (continuará)

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